Lo que el tenis esconde: mucho más que una raqueta, una pelota y una red
Lo que el tenis esconde
Por qué el tenis puede considerarse uno de los deportes más completos… y por qué algunos de sus mayores beneficios no aparecen en el marcador
Hubo un tiempo en que conseguir una cancha los sábados y domingos no era sencillo.
Ocho canchas podían resultar insuficientes.
Había padres jugando con sus hijos, jóvenes esperando una reta, amigos buscando completar un dobles y familias que, aun sin entrar a jugar, se hacían presentes alrededor de las canchas.
Unos terminaban. Otros esperaban.
—¿Les falta uno?
—¿Armamos dobles?
—Cuando terminen, entramos nosotros.
Y aquella espera también era parte del tenis.
Mientras cuatro jugaban, otros conversaban, observaban, aprendían, esperaban su turno o simplemente compartían unas horas juntos.
Durante muchos años vi repetirse escenas como esa.
Y con el tiempo entendí algo que ningún marcador podía mostrar:
Se estaba construyendo comunidad.
Quizá por eso, cuando hablamos de los beneficios del tenis, quedarnos únicamente con el ejercicio físico, la competencia o aprender una buena derecha significa contar solamente una parte de la historia.
Porque desde fuera pueden verse una pelota, una raqueta y una red.
Desde dentro se descubre un mundo.
TTT | Lo que ocurre detrás de un punto
Un jugador recibe una pelota y, en apenas unos instantes, tiene que:
Pero con el tiempo puede descubrir otra cadena que ocurre fuera del golpe:
La primera explica parte de la riqueza del juego.
La segunda ayuda a comprender por qué algunas personas llegan al tenis y terminan permaneciendo en él durante gran parte de su vida.
I. LO QUE DESCUBRES CUANDO ENTRAS A LA CANCHA
Desde afuera puede parecer sencillo
A lo largo de muchos años enseñando tenis he escuchado comentarios parecidos de personas procedentes de diferentes deportes y actividades físicas.
Futbolistas.
Corredores.
Árbitros.
Personas acostumbradas al gimnasio y al acondicionamiento físico.
Algunos llegaron pensando:
“Creí que el tenis era aburrido”.
Otros:
“Pensé que era fácil”.
También escuché:
“Creía que era un deporte poco exigente”.
O sencillamente:
“Pensé que cualquiera podía jugarlo”.
Y esta última frase incluso contiene una parte positiva: el tenis puede adaptarse para que muchísimas personas comiencen a practicarlo y disfrutarlo.
Pero una cosa es comenzar a jugar tenis y otra muy distinta descubrir todo lo que implica aprender a jugarlo bien.
No hace falta discutir con quien piensa que es fácil.
Existe una manera mucho más sencilla de descubrirlo:
El propio tenis se encargará de mostrarle lo demás.
1. Antes de golpear tienes que aprender a ver
La pelota viene hacia ti.
Parece sencillo.
Corres, llegas y entonces aparece el primer problema:
¿Dónde debo colocarme?
Porque llegar demasiado cerca dificulta el golpe.
Llegar demasiado lejos también.
Llegar tarde cambia la ejecución.
Y llegar a tiempo tampoco garantiza que estés correctamente colocado.
El jugador comienza entonces a descubrir algo que desde fuera casi no se aprecia.
Antes de golpear ya tuvo que obtener información.
Después tiene que desplazarse, ajustar la distancia, preparar, equilibrarse y encontrar un punto de contacto adecuado.
Todo eso sucede antes de que las cuerdas golpeen la pelota.
Por eso en Transforma Tu Tenis insistimos en algo fundamental:
El tenis comienza antes del golpe.
Comienza cuando aprendemos a observar, interpretar y anticipar lo que está ocurriendo.
Una buena técnica puede verse en el impacto.
Pero muchas de las condiciones que hicieron posible ese impacto comenzaron varios instantes antes.
2. Después descubres que el cuerpo también juega
Ahora intenta hacerlo una vez.
Después diez.
Después durante un juego.
Después durante un set.
Frena.
Recupera.
Muévete lateralmente.
Vuelve a arrancar.
Retrocede.
Ajusta con pequeños pasos.
Golpea.
Recupera tu posición.
Y vuelve a empezar.
El tenis no exige correr continuamente como una prueba de fondo. Su exigencia tiene otra naturaleza: combina acciones breves e intensas con periodos de recuperación y obliga a repetir aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección y golpes mientras se intenta conservar coordinación y precisión.
Entonces el cuerpo deja de ser simplemente aquello que transporta la raqueta hasta la pelota.
El cuerpo también juega cada punto.
Piernas, equilibrio, movilidad, coordinación, resistencia, velocidad, potencia y recuperación participan constantemente.
Y aparece una primera gran lección:
Por eso técnica y condición física no deberían vivir como mundos separados.
En el partido se encuentran.
Todo esto recuerda algo fundamental: la técnica necesita un cuerpo capaz de sostenerla. Por eso, si quieres profundizar en las capacidades que intervienen detrás de cada punto, puedes continuar con Aptitud física en el tenis: el cuerpo también juega cada punto.
Cada golpe necesita un cuerpo capaz de colocarse, estabilizarse, ejecutar y volver a estar disponible.
3. Después descubres la técnica
Finalmente llegaste correctamente.
Ahora aparece otro problema:
Hay que golpear la pelota.
Y comienzas a descubrir empuñaduras, preparación, punto de contacto, trayectoria de la raqueta, coordinación, equilibrio, terminación y recuperación.
Una empuñadura, por ejemplo, puede modificar profundamente la manera en que la raqueta se relaciona con la pelota. En TTT hemos desarrollado una guía completa de empuñaduras para comprender esa relación desde sus fundamentos.
Cuando empiezas a pensar que ya entendiste la derecha...
la pelota llega alta.
Después baja.
Después profunda.
Después corta.
Después rápida.
Después lenta.
Después con efecto.
Aquello que parecía un movimiento que solamente había que memorizar comienza a convertirse en una capacidad de adaptación.
Y todavía faltan el revés, el saque, la devolución, la volea, el smash, el slice, el topspin, el globo, la dejada y otras soluciones que el juego puede exigir.
Entonces el tenis vuelve a enseñarnos humildad.
Significa haber comenzado a comprenderlo.
4. Golpear bien no basta: hay que decidir bien
Puedes ejecutar una magnífica derecha y perder el punto.
Puedes golpear perfectamente la pelota equivocada.
Atacar cuando debías construir.
Defender cuando apareció una oportunidad.
Buscar una línea cuando tenías una opción mucho más segura.
Intentar terminar el punto cuando todavía había que prepararlo.
Y entonces aparece la táctica.
La pregunta deja de ser solamente:
“¿Cómo golpeo esta pelota?”
Y se convierte en:
“¿Qué conviene hacer con esta pelota?”
¿Cruzado?
¿Paralelo?
¿Ataco?
¿Defiendo?
¿Cambio de ritmo?
¿Abro espacio?
¿Juego sobre una debilidad?
¿Tengo realmente una oportunidad de atacar o estoy intentando fabricar una que todavía no existe?
Ahí el tenis cambia.
Porque deja de consistir únicamente en reproducir movimientos.
Empieza a convertirse en resolver problemas en movimiento.
La técnica proporciona herramientas. La táctica ayuda a decidir cuál utilizar y cuándo.
5. Y cuando creías que empezabas a dominarlo, aparece el marcador
Durante el calentamiento golpeas una derecha con libertad.
Después llega un 30-40.
Y algo parece diferente.
La pelota tampoco sabe que estás 30-40.
La red sigue en el mismo lugar.
Lo que cambió fue el significado que tú le diste al siguiente golpe.
Ahora existe una consecuencia.
Si fallas, puedes perder el juego.
Entonces conoces otra dimensión del tenis:
Tu propia mente.
Aparecen dudas.
Miedo a fallar.
Impaciencia.
Enojo.
Frustración.
Exceso de confianza.
Pensamientos sobre el punto anterior.
Pensamientos sobre lo que podría suceder después.
Y junto a todo ello también pueden desarrollarse concentración, disciplina, paciencia, valentía, autocontrol y capacidad para regresar al presente.
El tenis posee una característica extraordinaria:
El punto anterior ya terminó, pero tu cabeza puede seguir jugándolo.
Aprender a soltarlo también forma parte del juego.
La confianza tampoco aparece por accidente. Se construye, se pone a prueba y necesita aprender a sobrevivir al error. Por eso, creer en ti mismo en el tenis no significa pensar que nunca fallarás, sino seguir siendo capaz de actuar después de haber fallado.
6. El error también juega
La pelota se va larga.
A la red.
Fallamos una devolución aparentemente sencilla.
Cometemos doble falta.
Elegimos mal.
Llegamos tarde.
Y pocos segundos después debemos volver a jugar.
El siguiente punto no espera a que terminemos de lamentarnos.
Con los años uno comprende que aprender tenis no significa eliminar los errores.
Eso sería imposible.
Significa aprender a observarlos, interpretarlos, corregir lo posible y continuar.
Quizá allí se encuentre uno de los aprendizajes menos visibles del deporte.
Y esa pregunta pertenece a la cancha.
Aunque sus enseñanzas difícilmente tienen que quedarse encerradas dentro de ella.
El siguiente punto necesita tu atención, no una repetición mental del anterior.
II. LO QUE DESCUBRES CUANDO PERMANECES EN EL TENIS
7. El rival también puede convertirse en maestro
El rival no es únicamente alguien a quien intentamos derrotar.
También es quien nos presenta problemas que quizá nosotros solos nunca habríamos descubierto.
Uno juega alto.
Otro rápido.
Uno corta.
Otro prácticamente no regala una pelota.
Uno ataca.
Otro espera.
Uno te quita tiempo.
Otro te obliga a producir toda la velocidad.
Uno te lleva hacia adelante.
Otro te empuja varios metros detrás de la línea de fondo.
Y entonces tienes que adaptarte.
Por eso enfrentarse a estilos diferentes amplía nuestro tenis.
El rival nos obliga a buscar respuestas.
A veces ganamos.
A veces perdemos.
Pero si sabemos observar, casi siempre podemos obtener información.
Y al terminar un partido quizá sepamos algo sobre nuestro propio juego que antes de comenzar desconocíamos.
TTT | EL RIVAL TAMBIÉN ENTREGA INFORMACIÓN
EL RIVAL PROPONE UN PROBLEMA
↓
OBSERVAS
↓
PRUEBAS UNA RESPUESTA
↓
EVALÚAS
↓
ADAPTAS
Competir también puede ser una forma de aprender.
8. Descubres que aprender tenis no se termina
Competir también puede ser una forma de aprender.
Este es uno de los aspectos que más me atraen de este deporte.
No se termina.
Puedes jugar durante años y todavía encontrar algo que comprender o mejorar.
Una preparación.
Un desplazamiento.
Una decisión.
Un saque.
Una devolución.
La lectura de una pelota.
La selección de un golpe.
La forma de competir.
Incluso nuestra manera de aceptar una derrota.
El principiante intenta poner la pelota en juego.
Después intenta colocarla.
Más adelante descubre cuándo conviene colocarla allí.
Después intenta comprender por qué.
Y muchas respuestas terminan abriendo nuevas preguntas.
Por eso un jugador puede regresar de un partido y todavía tener ganas de aprender.
Quizá allí esté también la razón por la que algunos deportistas buscan libros, entrenadores, conversaciones, videos o experiencias que les ayuden a resolver aquello que la cancha acaba de preguntarles.
TTT | EL TENIS A TRAVÉS DEL TIEMPO
NIÑO
→
JOVEN
→
ADULTO
→
VETERANO
Cambian las capacidades.
Crece la experiencia.
El tenis se adapta.
9. El tenis puede cambiar contigo
Crece la experiencia.
El tenis se adapta.
El jugador de hoy no será exactamente el mismo dentro de veinte o treinta años.
La velocidad puede cambiar.
La fuerza puede cambiar.
La recuperación puede cambiar.
La manera de desplazarse seguramente cambiará.
Pero también puede aumentar la experiencia.
La anticipación.
La colocación.
La selección de golpes.
La comprensión del rival.
El conocimiento de nuestras propias posibilidades.
Por eso el tenis puede adaptarse a diferentes etapas de la vida.
Un niño puede comenzar aprendiendo a controlar una pelota.
Un joven puede buscar rendimiento y competencia.
Un adulto puede encontrar ejercicio, desafío y convivencia.
Y años después quizá siga encontrando razones para tomar una raqueta.
El tenis puede cambiar con nosotros.
Y esa capacidad de acompañar diferentes momentos de la vida abre la puerta a algo todavía mayor.
III. LO QUE DESCUBRES CUANDO MIRAS MÁS ALLÁ DE LA RED
10. Un deporte individual que puede unir a muchas personas
Hasta aquí parecería que estamos hablando únicamente del jugador.
Y muchas modalidades del tenis son individuales.
Pero basta observar durante años lo que ocurre alrededor de las canchas para encontrar una aparente contradicción:
Padres e hijos.
Madres e hijas.
Hermanos.
Parejas.
Amigos.
Compañeros.
Niños observando a jugadores mayores.
Adultos compartiendo cancha con jóvenes.
Abuelos peloteando con nietos cuando sus posibilidades lo permiten.
Personas que probablemente nunca se habrían conocido fuera de ese ambiente terminan esperando juntas una cancha.
Y el dobles añade otra dimensión.
Ahora hay que comunicarse.
Compartir espacios.
Cubrir al compañero.
Aceptar su error.
Permitirle aceptar el nuestro.
Confiar.
Decidir juntos.
Quizá llegaste buscando aprender un deporte.
Y sin darte cuenta comenzaste a formar parte de un grupo.
11. El valor de hacer algo juntos
Vivimos rodeados de estímulos capaces de reclamar nuestra atención individual.
La tecnología nos ofrece herramientas extraordinarias y forma parte de nuestra vida.
El problema no es que exista.
El desafío está en aprender a utilizarla sin permitir que sustituya innecesariamente experiencias humanas que también necesitamos conservar.
Y una cancha ofrece algo extraordinariamente sencillo:
No solamente personas situadas en el mismo lugar.
Personas participando.
Mirándose.
Respondiendo.
Esperando.
Conversando.
Compitiendo.
Cooperando.
Celebrando.
Resolviendo.
En una cancha, un padre y un hijo pueden tener que ponerse de acuerdo para jugar un dobles.
Dos amigos pueden reservar un sábado porque aquel partido se convirtió en parte de su rutina.
Una familia puede acompañar aunque no todos jueguen.
Alguien puede llegar solo y, con el tiempo, encontrar compañeros.
No significa que el tenis produzca automáticamente buenas relaciones.
Ningún deporte puede garantizarlo.
Pero bien vivido y bien acompañado, puede crear extraordinarias oportunidades para encontrarnos alrededor de una actividad compartida.
12. Cuando ocho canchas no alcanzaban
Por eso regreso a aquellas ocho canchas.
No recuerdo solamente que estuvieran ocupadas.
Recuerdo lo que ocurría alrededor de ellas.
La gente esperando.
Las retas.
Las conversaciones.
Las familias.
Los jugadores entrando y saliendo.
Los diferentes niveles encontrándose.
La sensación de que casi siempre había alguien con quien jugar.
Podría parecer que aquello no tenía relación con la enseñanza del tenis.
Hoy pienso exactamente lo contrario.
Aquello también enseñaba.
El principiante observaba al experimentado.
El niño veía jugar al adulto.
El nuevo encontraba compañeros.
Los jugadores se conocían.
Alguien preguntaba quién quería jugar.
Otro completaba el dobles.
Y el jugador encontraba una razón más para regresar la semana siguiente.
El club dejaba entonces de ser solamente el lugar donde estaban construidas las canchas.
Se convertía en un punto de encuentro.
No había trofeo por aquello.
Nadie aparecía en un ranking.
No existía una estadística que dijera cuántas conversaciones, amistades, aprendizajes o recuerdos estaban naciendo alrededor de aquellas líneas.
Pero estaba ocurriendo algo enormemente valioso:
Se estaba construyendo permanencia.
13. Las canchas también pueden quedarse calladas
Existe otra cara de esta historia.
Las comunidades no necesariamente desaparecen de un día para otro.
Algunas veces se erosionan lentamente.
Un jugador deja de venir.
Después otro.
Una familia cambia sus hábitos.
Una reta deja de organizarse.
Al jugador nuevo le cuesta encontrar con quién integrarse.
Las generaciones dejan de encontrarse.
Un sábado hay algunos menos.
Después otro sábado.
Y como cada cambio aislado parece pequeño, es posible que durante algún tiempo nadie perciba completamente lo que está ocurriendo.
Hasta que un día miramos alrededor y descubrimos que aquellas canchas que alguna vez parecían insuficientes ya no tienen la misma vida.
No necesariamente existe un único culpable.
Tampoco una única causa.
Precisamente ahí reside el peligro de algunos procesos graduales:
Una comunidad llena puede parecernos normal cuando la tenemos. Su verdadero valor muchas veces se comprende cuando comienza a desaparecer.
Por eso una comunidad deportiva también necesita observarse.
Cuidarse.
Renovarse.
Abrir espacio.
Recibir.
Integrar.
Crear razones para regresar.
Crear una comunidad exige esfuerzo.
Conservarla exige atención.
Reconstruirla después de perderla puede exigir mucho más de ambas cosas.
Porque no basta con construir canchas.
También hay que construir vida alrededor de ellas. Y cuando esa vida existe, hay que cuidarla.
14. Quizá hemos medido demasiado poco de lo verdaderamente importante
En tenis sabemos contar.
Puntos · Juegos · Sets · Partidos · Aces · Dobles faltas · Ganadores · Errores · Rankings · Torneos · Trofeos
Todo eso importa.
Pero existen otras preguntas.
¿Cómo medimos al niño que comenzó jugando con su padre y años después todavía disfruta compartir una cancha con él?
¿Cómo medimos una amistad que nació esperando una reta?
¿Cómo medimos al adulto que encontró una actividad que le dio motivos para mantenerse activo?
¿Al jugador nuevo que encontró un grupo?
¿Al abuelo que todavía puede intercambiar algunos golpes con su nieto?
¿A los amigos que reservan cada sábado porque aquel partido se convirtió en una parte importante de su convivencia?
No todo puede reducirse fácilmente a una estadística.
A veces ocurre exactamente lo contrario.
Entonces, ¿es el tenis el deporte más completo del mundo?
No necesito responder esa pregunta.
Otros deportes poseen enormes exigencias y pueden producir experiencias extraordinarias para quienes los practican.
El tenis no necesita disminuir a ningún otro deporte para demostrar su riqueza.
Me interesa una pregunta diferente:
¿Cuántas cosas están ocurriendo realmente durante un punto de tenis?
Hay que percibir.
Moverse.
Llegar.
Ajustar.
Equilibrarse.
Decidir.
Ejecutar.
Aceptar el resultado.
Recuperarse.
Y volver a comenzar.
Eso ya explica por qué una pelota que desde fuera parecía sencilla puede convertirse en un problema fascinante cuando entramos a la cancha.
Pero si después levantamos la mirada y observamos más allá de las líneas descubrimos todavía algo más.
Entonces comprendemos que algunos de los beneficios del tenis no terminan cuando termina el punto.
Una raqueta puede abrir una puerta
Intentarlo
Descubrir
Volver
Corregir
Competir
Enseñar
Invitar
Completar un dobles
Crear recuerdos
Formar parte
Seguir jugando
Hasta que alguien decide tomarla.
Tal vez llegamos buscando aprender a golpear una pelota.
Con el tiempo descubrimos que también estábamos aprendiendo a movernos, observar, decidir, equivocarnos, corregir, competir y comenzar de nuevo.
Y algunos tuvimos la fortuna de descubrir algo más.
Alrededor de aquellas líneas aparecieron personas.
Compañeros.
Amigos.
Padres e hijos.
Generaciones.
Comunidad.
Por eso, después de tantos años dentro de una cancha, sigo pensando que algunas de las cosas más valiosas que construye el tenis jamás aparecerán en un marcador.
no tiene una medida tan sencilla.
Porque mientras transformamos nuestro tenis,
el tenis también puede transformarnos.